REFLEXIONES DE UN FUSILADO
Y
miedo. ¿No se siente miedo a abandonarlo todo cuando las bocas de los fusiles
le señalan a uno con su dedo redondo? ¿Se reza?
Miedo
se siente antes. Los días antes de que todo pueda suceder. Es como si un hierro
candente taladrara las entrañas. Creo que eso fue lo que sentí cuando se
produjeron los primeros disparos y un miedo terrible a dejar de ser. Luego,
cuando me coloqué de espaldas a la pared, era ya como un mecano. Toda mi
capacidad de reacción estaba anulada. Después que pasó todo, cuando marché a
Alemania para reponerme, fue cuando mas miedo sentí. Y entonces yo, que soy
católico, fui y me confesé.
En noviembre del 36 ya estaba otra vez en
Madrid. Me Fui al frente de Retamares y, pocos días después me dieron un tiro
en el muslo derecho. Las ultimas heridas que recibí en Teruel. Otra vez la
metralla.
¿Cambia
la vida cuando se ha traspasado la barrera de la muerte de pura chiripa?
Sí;
es como si me hubieran concedido una vida de repuesto. He nacido dos veces.
Tengo en realidad treinta y cinco años y pienso y vivo con la serenidad y la
alegría de quien ha recibido el mas precioso de los regalos.
Ahora
que recordamos a los hermanos-socios del sindicato horizontal de los muertos,
ser o no ser sigue siendo la cuestión.